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martes, 23 de diciembre de 2008

Gabriel Fauré.- In Paradisum



Este año caía en domingo, así que no hizo falta marcarlo en rojo en el calendario. Aunque otros años lo hago. El 21 de diciembre es una fecha especial, en mi anuario personal, es el día de la esperanza. Aunque sé que queda por delante el invierno [este año, más gélido que nunca] el sol empieza a abrirse paso. Los días empiezan a crecer. El año acaba para cambiar de piel en uno nuevo.

Este año no fue excepción. El rojo del calendario marcó la llegada del invierno y el fin del otoño y con él la bienvenida de Pablo y la partida de la abuela de Marta. Y yo te lo explico con el corazón alegre y en pena, desde mi ventana, torre roja sobre la vida, sonriendo con lágrimas en los ojos, con el sol en la cara.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Arvo Pärt.- Fratres


Me sorprendió ver las nubes. No porque estuvieran allí, como siempre, sino porque hacía tiempo que yo sólo miraba al suelo.

Desde mi ventana, las nubes se mostraban especialmente insolentes, ignorando a las montañas ya nevadas, que parecían estirarse y ponerse de puntillas para así, arañarles la panza y retenerlas entre las valles.

Convencidas ya de su vano intento, las montañas se reían por lo bajo, crujiendo los dientes. Ellas llevan aquí mucho tiempo y han visto pasar a muchas como ellas e incluso mejores y saben que su destino no es otro que precipitarse al vacío, tal vez en forma de nieve. Y entonces las montañas, que no tienen piedad, mirarán a las nubes con sorna para decirles, vés? te lo dije.

Como aquel retrato en la pared. Durante aquella excursión. Cuando la nieve no nos dejó avanzar más allá. Era Abril. Tú tomaste la cámara y sacaste la foto. Yo miré al objetivo resignado... Quería enseñarte mi refugio en la montaña. Click! Ya no lo volvimos a intentar...

sábado, 1 de marzo de 2008

Mario del Monaco.- Nessun Dorma



A veces el mundo me zarandea y me obliga a abrir los ojos de par en par.

Hoy quedé con Leticia para ver algunos videos de denuncia social en el CCCB [me pregunto si servirá de algo que unos niños bien italianos vuelen a República Dominicana para cocinar lasaña y servirla a unos pobres niños, famélicos, desesperados, lo graben y así luego poder salir de gira por los museos del mundo con todos los gastos pagados]

Paseamos por el Raval comentando los videos. Yo tenía que pasar al cajero automático, pero está cerrado por precaución que alguien pueda dormir en ese espacio. Al final de la calle hay otro, éste está ocupado. No se trata de gente que necesite efectivo un viernes por la noche, son una pareja de jóvenes, tal vez tuvieran mi edad, que, tendidos en el suelo entre cajas de cartón, fuman heroina.

Me piden una moneda. No llevo y si llevara no les daría. No quiero que la gasten en droga. De nada serviría darles dinero, de nada les servirá no darles nada. A los dos minutos -la gente frente a mí tardan mucho-, me vuelven a pedir. En la cola, tras de mí, un hombre escucha ópera. Sube el volumen del reproductor. Nessun Dorma. Me estremezco. Nadie duerme, nada puede hacerse, no puedo ayudar, ni luchar contra la falta de esperanza de esos jóvenes. Nessun dorma, entre nubes opiáceas.

domingo, 17 de febrero de 2008

Erik Satie.- Gnossienne No. 3



A las 11 de la mañana en la Calle La Coruña. Número 22. Lunes. Lunes laboral. El primero en mucho tiempo: Personal de Museo. MNAC. Románico Automático.

Dadá. Nacional Catalán Trabajo. Trabajo Dadá. Trabajo, papá. Pañuelos triple capa, para un salto mortal que no me atrevo a dar. Curriculums que viajan por el hiperespacio de mi habitación a un despacho remoto donde nadie existe ni lee. [por el momento]

Pero mañana, allí estaré, a las 11. Y ella no estará, solo yo. I, me, mine. Fürtwangler de un planeta desconocido en busca de unas cuerdas para mi orquesta. Sala Oval.

Todo empieza de nuevo, para acabar otra vez. Todo será. Mañana. A las 11 de la mañana en la Calle La Coruña.

Más Dadá
Más Satie

jueves, 1 de noviembre de 2007

Glenn Gould.- Variaciones Goldberg (J. S. Bach)



Decidí que los discos serían los últimos en entrar en la maleta. Quedaba ya poco espacio y la colección por aquella época ya ocupaba varios estantes de la habitación de casa de mis padres. Había que elegir. Y elegir significaba renunciar. Fueron pocos, muy pocos: Peter Gabriel, Kiko Veneno, The Beatles, los conciertos para violín de Bach por Philip Picket y el London Consort. Las Variaciones (en la versión de Glenn Gould de 1981) quedaron fuera. Fue un error.

Las extrañé el primer día que me quedé solo en Madrid. El otoño sobrevolaba la ciudad. Yo acababa de visitar al Ángel Caído del Retiro y al llegar a casa no había nadie. No llegarían, Angel Manuel estaba ya muy enfermo y se quedarían en casa de tía Joaquina. El silencio no me dejaba dormir y repasé la Pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, cuando relata la visita de Johann Gottlieb Goldberg solicitando a su maestro una partitura para clave, pues su señor no podía dormir aquejado como estaba de Melancolía. Al día siguiente descubrí Madrid Rock y su magnífica sección de clásica. No me costó trabajo reencontrarme con Glenn Gould y soñar de nuevo.

Aquí puedes ver la segunda parte, la tercera y la cuarta