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domingo, 16 de agosto de 2009

Hesperion XXI.- Ad Mortem Festinamus



Hacía tiempo que le tenía echado el ojo, pero la puerta siempre estaba cerrada. Así que me acostumbré a pasar por allí esperando a la suerte. Poco a poco, se convirtió en mi refugio de paz cerca de plaza Cataluña. Me gustaba especialmente escabullirme por la calle Rivadeneyra, cruzar la reja y aparecer en aquella plaza, aún adoquinada, con su cruz y la florista. Una isla en medio del asfixiante mar de turistas. Por fin, un sábado por la mañana encontré la puerta abierta. Los invitados de la boda estaban empezando a llegar, pero todavía tenía tiempo para colarme dentro y echar un vistazo. El interior de Santa Ana no era como esperaba. Había sido reconstruida tras la Guerra Civil y las cicatrices mal curadas todavía eran visibles a pesar del maquillaje.

Pero allí estaba esperándome. Cuando las bóvedas parecían ofrecer nada interesante, empecé a mirar al suelo. A pesar de ser mediodía, el templo estaba oscuro y me costó leer el texto. Pero allí, entre un par de bancos y escrito en mayúsculas: TU QUI LEGIS ORA PRO ME. Sin nombre, sin oficio, ni una pista sobre la vida de aquel que reposaba bajo la losa, sólo una petición: Tú que lees, reza por mí. Tú, que estás vivo para leer, reza por mí. Tú, que aún tienes futuro, reza por mí.

Me estremeció y por primera vez en mucho tiempo, recé.

Mañana es el gran día. Y no voy a pedirte que reces por mí. Pero a las nueve de la mañana empieza mi examen por lo que quiero pedirte que tú, que me lees, me envíes un poquito de suerte.

Ps.- Savall no es mi preferido, como probablemente sabes prefiero la versión de Alla Francesca, pero ésta es la única versión que he encontrado.