jueves, 18 de diciembre de 2008

Cumpleaños


No quise decir nada, entre tanto jaleo con las vacaciones a la vuelta de la esquina, los alumnos estaban insoportables. Así que pensé que sería mejor así. Reconozco que me costó, sobre todo con los más pequeños, me moría de ganas de decirles "hoy es mi cumpleaños, hagamos una fiesta!" Impulso que reprimí enseguida, en el mismo momento que empezaron a gritar, a empujar y lanzarse bolígrafos,... No había opción. Sería mi secreto. Así que me acostumbré a sentir su calor, a sonreir ante los alumnos, a poner distancia entre ellos y mi sonrisa e incluso, empujarlos fuera de mi nube, cuando alguno pretendía encaramarse hasta allí. El móvil no dejaba de anunciar la llegada de mensajes, que hacían crecer mi secreto [y mi sonrisa] como una bola de nieve.

En la sala de profesores todo fue diferente. Pude dejar libre el secreto, que corrió de boca en boca de la mano de unos bombones.

De vuelta a casa, tras la visita de papá y mamá el día de antes todo parecía más luminoso. Me dejé llevar por esa luz hasta la cama, donde dormí hasta que me despertó el teléfono. Y otro día habría sido odioso, pero ayer lo disfruté. Medio dormido aún, conseguí conectar un par de pensamientos y quedar para cenar con Mercé, que además invitó [tantas cosas que agradecerle!]

Y al llegar a casa el Facebook estaba lleno de felicitaciones y los deberes de los niños corregidos y me topé con mi hijo en el Messenger y todo estuvo bien. Y me fuí a dormir cansado y contento, esperando las vacaciones que empiezan mañana.

Y hoy, Víctor me envió esta foto.

Así fue mi primer cumpleaños de las montañas. Suerte de saber la suerte que tengo.

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