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sábado, 20 de febrero de 2010

Christina Rosenvinge & Leonor Watling.- Come As You Are



Supongo que todo comenzó ayer por la tarde. Tenía todo el trabajo que puedas imaginar: 125 exámenes por corregir sobre Economía del siglo XIX. La perspectiva para la tarde no podía ser más aburrida. Fue entonces cuando empecé a sentir la presión sobre la última muela del juicio: mierda! un flemón, que además, aumentaba de tamaño con cada respuesta que leía. Así pues, me decidí a llamar a Pierre y huir de la responsabilidad: cenaríamos en su casa. Me calzo los zapatos, me pongo el abrigo, cojo las llaves y bajo directamente al súper a comprar una botella de vino.

Para llegar a casa de Pierre, necesito coger dos autobuses -inconvenientes de la vida sin coche propio-. El primero llega puntual, en el ipod Ute Lemper. Llego al primer destino, pero el segundo autobús ya se ha ido. Son las 9 y el servicio se ha acabado.

Decido hacer autoestop,y mientras tanto, acercarme a pie por una carretera desierta en medio de las montañas, donde los conductores no esperan un peatón y pisan el acelerador. Por suerte, las luces de los coches me ayudan a prevenir su llegada y llevo mi sombrero, de gran ayuda contra el frío.

Finalmente, llego a casa de Pierre. ¿Cómo que llegas tan tarde? -Me distraje. No quería decir que por orgullo no le llamé para que me viniera a buscar en coche y, además, no encuentro una excusa mejor.

Cenamos, charlamos y la pasamos bien, pero todos estamos cansados. Me quedo dormido en el sofá. Y cuando despierto, me han preparado una cama. Alcanzo a farfullar un buenas noches, me quito los pantalones, las gafas y me meto en el saco de dormir. Acto inútil porque no dormiré y no es que haga frío, haya ruidos o luz, no hay pesadillas,... pero no duermo, tampoco es desagradable, pero no duermo.

En fin, nos despertamos, café para todos, nos despedimos: ellos se van a esquiar, yo a corregir. Decido bajar andando, y ya de camino, me caigo por una cuesta: pantalones manchados muslo magullado y sorpresa -¿Cómo pudo ser? Tomo el camino de regreso pero me pierdo, el ipod se ha quedado sin batería y acabo trepando por una margen, para acabar en un corral de caballos. Ni rastro del camino, así que regreso a la carretera por miedo al dueño del establo y del caballo. Ya en la carretera, decido llamar un taxi, pero he olvidado el móvil en casa de Pierre.

Puede que hoy sea uno de esos días en que todo vaya mal. Pero ante la adversidad, valdrá más sonreir, pero también tomar un bus para llegar a casa. Llego a la parada del autobús, espero 10 minutos, no pasa, sigo esperando y me encuentro con un alumno que me dice que se sacará el carné de conducir el próximo miércoles -durante mi clase-, pero no hay ni rastro del bus, hace frío aunque el día está soleado, así que llama al novio de su madre, que le viene a buscar. Me ofrece subir al Fiat Panda y acepto, sin ver que el asiento trasero está mojado. Parece de perro. Y yo sonrío, pero al bajar del coche siento que mis pantalones sucios de la caída también están mojados.

Pero llego a casa y todo está bien: el flemón deshinchado, el susto pasado, las piernas magulladas, conecto el ordenador y pongo a cargar el ipod. Escribo a Pierre para recuperar el móvil. Y se me ocurre que cuando todo va mal, habrá que reirse de todo. Me ducho. Pongo la lavadora y escribo estas líneas que alguien leerá: habrá que sonreir.

martes, 7 de julio de 2009

Vetusta Morla.- Un día en el mundo



Voy a dejar de utilizar Facebook. Así lo he decidido. Precipitado tal vez, pero estoy realmente harto. Porque el buzón se llena de mensajes estúpidos, porque te encuentras con gente a la que hace siglos que no ves y que tampoco sabes si podrás volver a ver. He llegado a la conclusión que prefiero no saber las fiestas que me pierdo o los conciertos a los que no voy. Y, sobre todo, no quiero ver más fotos de difuntos amores. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

¿Qué sentido tiene saber que los muertos de mi tristeza se gastan un dineral en una entrada para ver a tal o pascual? -y no entro en valoraciones de U2 en concierto, que yo también pagué hace tiempo-. Para qué quiero saber de las dulces tardes del parque? Para qué saber de los cumpleaños y las terrazas a las que no soy invitado? Si no me quieren allí, por qué ver las fotos?

Así que ya sabes, si quieres hablar conmigo, me puedes enviar un correo, llamar por teléfono, enviarme una carta. ¿Para qué enviar abrazos, cervezas, ositos de peluche, personajes de telenovela?

Y ahora ya lo sabes, si me topas por la calle, y tengo tiempo -situación habitual en mi actual estado- nos vamos a tomar una cerveza y me cuentas tu vida. Y si no me encuentras, búscame en el bar -tú sabes cual-. Pero en el Facebook, no.

Pd.- Puedes enviarme toda la música que quieras a victorigpa08[a]gmail.com

martes, 9 de junio de 2009

Los Planetas.- Qué puedo hacer



Llego a casa e, incluso antes de dejar la chaqueta, enciendo el ordenador. Me lavo las manos, llamo a mi madre y sonrío: tengo varios mails, pero sólo uno es el tuyo. Y enciendo la radio y suena una canción que habla de antiguos amores y me viene tu rostro a la cabeza, y eres tú sonriendo bajo el sol de Galicia. Y huelo las flores mientras te espío. Pero tú ya me has visto y miras al objetivo en el momento que yo disparo el obturador. Y eres tú, sé que eres tú, con tus piernas largas y tu extraña forma de hablar. ¿Cuándo aprenderás castellano? ¿Cómo se dirá "me gustas" en alemán?

sábado, 16 de mayo de 2009

Amancio Prada.- Romance del Prisionero



ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

domingo, 29 de marzo de 2009

Camarón.- Volando Voy



No lo esperaba tan brillante. Sabía que llegaría pero, como tantas otras veces, miraba hacia otro lado, esperando equivocarme. O simplemente, ignorarlo hasta que tomara la consistencia de un muro ineludible. Pero no lo esperaba tan cercano ni tan cierto.

Todos mis finales han tenido un pequeño momento previo de extrema claridad. Luz en forma de diversión, satisfacción, alegría o acomodo a un lugar o situación. Pero jamás son preludio de un estado permanente, más bien, son la calma anterior a la tormenta. Y es que, por mucho que desvíe la vista, los cambios llegarán. Algo acabará, o tal vez todo, o casi todo y volveré a enfrentarme a la reconstrucción de la vida, con la experiencia que dan los ensayos, con la ilusión de la novedad, con la única certeza del cambio constante.

domingo, 8 de marzo de 2009

Nacho Vegas.- Detener el tiempo



Entro al bar y repito de nuevo el rito: saludo a Toni, hablamos de la música, me sirve una cerveza y al cabo de un rato, acabadas las sorpresas, abro el libro y empiezo a leer: Faulkner, El ruido y la furia, página 81, Alfaguara. Al acabar el capítulo, levanto la cabeza, pago, saludo, me subo el cuello del abrigo y me preparo para salir a la calle. Son casi las once y suena Detener el tiempo.

Dos de junio de 1910

Cuando la sombra del marco de la ventana se proyectó sobre las cortinas, eran entre las siete y las ocho en punto y entonces me volví a encontrar a compás, escuchando el reloj. Era el del Abuelo y cuando Padre me lo dio dijo: Quentin te entrego el mausoleo de toda esperanza y deseo; casi resulta intolerablemente apropiado que lo utilices para alcanzar el reducto absurdum de toda experiencia humana adaptáncolo a tus necesidades del mismo modo que se adaptó a las suyas o a las de su padre. Te lo entrego no para que recuerdes el tiempo, sino para que de vez en cuando lo olvides durante un instante y no agotes tus fuerzas intentando someterlo. Porque nunca se gana una batalla dijo. Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles.

sábado, 7 de marzo de 2009

Albert Plà.- El lado más bestia de la vida



Para Susana, porque donde dos cuencas
vacías amanezcan
ella pondrá dos piedras
de futura mirada

Me despierto temprano, y como cada sábado, bajo a desayunar al bar. Ya tengo localizados aquellos que tienen los periódicos que me gustan, así que antes de elegir una mesa, elijo los que leeré (un andorrano, otro español). No tengo especial preferencia, me dejo llevar por los titulares.

El Diari d'Andorra hablaba de elecciones y programas electorales, así que he acabado rápido. La Vanguardia, corrupción y crisis del Barça... pero en las páginas centrales, Bolaño. De hecho, era lo único que me interesaba de la portada. Bolaño que es un viaje a México, a las profundidades, al dolor, a una vida truncada, a la literatura como válvula de escape, a un hombre que admiro sin apenas conocerlo. Leo el artículo con avidez y no dejo de sorprenderme. Lo leo de nuevo. ¿De donde nace un mundo? Por momentos, levanto la vista del periódico. En la televisión [sin sonido] los telediarios repiten las mismas imágenes una y otra vez, pero una imagen me captura. Es hermoso volver a ver la Plaça Sant Jaume llena de banderas rojas y negras, el retorno de viejas soluciones para problemas nuevos. O no tan nuevos.

domingo, 18 de enero de 2009

Nacha Pop.- Desordenada Habitación



Me ha hecho gracia hoy, saber que mucha gente piensa que al no callar, digo todo cuanto pasa por mi cabeza.

Y aunque es cierto que no me canso nunca de hablar, sonrío por saber cuánto callo...

viernes, 28 de noviembre de 2008

Estanislau Verdet.- Per Fer Pais...



[traducción al español más abajo]
Tots els pares creuen que els seus fills mai creixerean. O al menys, els que jo conec. Així ho creien els meus pares i així ho creia jo, i més d'en Pau.

En Pau que és fill de la Montse. La Montse que duia el Món. El Món que no era una altra cosa que una petita i meravellosa porció del Globus Terraqui davant el meu institut, on vaig passar moltes hores, potser més que a les aules. Allà vaig aprendre moltes coses: a escoltar, a fer cafè, llegir contes, fer dormir els nens, plorar els amors perduts i estimar la Bossa Nova.

Pau i Montse vivien encara a la rerabotiga del Mòn un día que vaig anar a buscar el Pau a l'escola. En aquell breu espai, el Pau se'm va fer gran. Tot just creuàvem el carrer quan un cotxe va passar a tota velocitat i ens vam espantar. Vaig fer el nen enrere, cap a la vorera i vaig mirar emprenyat el conductor. Pau li va dedicar un calificatiu que avui no vull reproduir i que llavors jo no podia imaginar que coneguès.

Sorprès, pel cotxe i el mot, vaig agafar el Pau de la mà i vaig dir-li que aquelles paraules no s'havien de fer servir. Sempre he cregut que la millor forma de fomentar alguna cosa és prohibir-la. I la millor forma que se'm va acudir llavors va ser ensenyar-li paraules com "galifardeu!", "bleda assoleiada", "aixafaguitarres", "bordegàs" o "gamarús"

Llavors el Pau, aixecà la vista i mirant-me directament els ulls i amb posat seriòs em preguntà:
- Però Víctor, tu saps que és un gamarús?

Mut, només vaig poder dir ...no

Prenent aire i respectant totes i cadascuna de les pauses, em va respondre:
- Doncs, un gamarús és un ocell amb els ulls grans que vola de nit i menja ratolinets.

Vam caminar en silenci fins arribar a casa. De fet, jo no trobava els mots. Al arribar a casa i saludar la Montse, tot semblava ser com sempre i tampoc no vaig dir res. Però el Pau s'havia fet gran.

__________________________________

Todos los padres piensan que sus hijos jamás crecerán. O al menos, todos los que yo he conocido. Así lo creían mis padres. También yo lo pensaba así, y más de Pau.

Pau, el hijo de Montse. Montse que llevaba el Món. El Món que no era otra cosa que una maravillosa y diminuta porción del globo terráqueo frente a mi instituto y donde pasé muchas horas, tal vez más que en las aulas. Allí aprendí muchas cosas: a escuchar, a hacer café, a leer cuentos, llorar los amores perdidos, acostar niños y a amar la Bossa Nova.

Pau y Montse todavía vivían en la trastienda del Mòn un día que fui a buscar a Pau a la escuela. Y en aquel breve trayecto, Pau se me hizo mayor. Íbamos a cruzar una calle cuando pasó un coche a toda prisa y nos asustamos. Yo aparté al niño hacia la acera y miré al conductor enfadado. Pau le dedicó un calificativo que hoy no quiero reproducir y que entonces, yo no podía ni imaginar que él conociera.

Sorprendido, por el coche y el improperio, quise decirle que aquellas palabras no se debían utilizar pero siempre he pensado que la mejor forma de fomentar algo es prohibirlo. Y en aquel momeno, lo único que se me ocurrió fue mostrarle otras palabras más adecuadas. Así que le enseñé palabras como: mequetrefe, zascandil, pelado o mochuelo.

Entonces Pau, levantó la vista y mirándome directamente a los ojos, con gesto serio me preguntó:
-Pero Víctor, ¿tú sabes qué es un mochuelo?

Mudo, sólo pude decir ...no

Él, tomando aire y respetando todas y cada una de las pausas, me contestó:
-Pues, un mochuelo es un pájaro de ojos grandes que vuela de noche y come ratones pequeños.

Caminamos en silencio hasta llegar a casa. De hecho, yo no encontraba las palabras. Al llegar a casa y saludar a su madre, todo parecía ser como siempre y yo tampoco dije nada. Pero Pau ya era mayor.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Miguel Bosé.- Amante Bandido


No recuerdo el nombre oficial, para mí siempre será la Plaza de la Calle Saint Gaudens de Barbastro. No muy lejos de casa de María Jose, la calle se abre y deja espacio para un gran tablero de ajedrez pintado en el suelo frente a un kiosko de música, una docena de árboles perfectamente alineados en dos hileras, algunos columpios y otro kiosko más pequeño, pero más importante, el de las chucherías.

Durante mi infancia pasé allí muchas horas jugando a pillar o esperando a mi madre que se acababa de encontrar con una amiga de la infancia y tenían que explicarse las novedades, entonces llegábamos tarde a comer y yaya hacía ver que se enfadaba.

Yaya era también la que encargada de llevarme a la peluquería, también en la plaza Saint Gaudens. A mí me encantaba ir con ella porque íbamos cogidos del brazo, y si nos encontrábamos con alguien me presentaba como su novio. Pero también porque ya sentado en el sillón del peluquero, podía elegir el peinado que más me apeteciera, y a yaya siempre le gustaba. Yo siempre era el más guapo.

De cualquier forma, yo siempre pedía el mismo peinado: el de Miguel Bosé. Eran los años de Sevilla y el Amante Bandido y yo me quedaba fascinado ante la tele, cada vez que ponían el video.

Hoy ya no me gusta Miguel Bosé, pero mientras me tomaba el café de la mañana he vuelto a oír la canción y no sé si es la edad, el café, la falta de pelo o las pocas ganas de trabajar, pero todo ha desembocado en un sentimiento agridulce donde se mezclan yaya, la arqueología y estos pocos pelos que me quedan, pero nunca más renunciar a ser lo que fuí.

lunes, 2 de junio de 2008

Carmen París.- En mi pecho



Yayo Lorenzo cazaba conejos. En otoño, de buena mañana, con la escopeta y el zurrón a la espalda salía a buscar los cados. Les metía el hurón y esperaba. La escopeta en el hombro, el cigarro en la boca. Esperaba la salida del conejo por otra salida del cado, no muy lejos, bajo las oliveras, esperaba, preparaba el disparo y fumaba.

Yayo Lorenzo presumía de una salud de hierro. Sólo una vez había ido al médico y juró no volver. Se sentía fatigado, le dolía la riñonada y le costaba respirar. Se hacía mayor y el médico le preguntó si fumaba: respondió que sí. Debía dejarlo. Fuma demasiado, al menos redúzcalo. Yayo se resistía.

Le propongo algo, ¿qué le parece si, de momento, fuma tabaco de liar? Así, mientras lo lía, se entretiene y, en definitiva, fuma menos.

Le gustó la idea. Fue al estanco y compró el tabaco y el papel. Las primeras veces prensaba demasiado, le costó encontrar el gesto, pero le gustó el sabor. Repitió.

Yayo recuperó la salud igual que la había perdido, o tal vez se acostumbró a la fatiga. No volvió al médico. Fumaba igual pero dormía un poquito menos, media hora menos. Cada noche, frente a la estufa, se quedaba liando los cigarros que se fumaría al día siguiente esperando a los conejos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Antònia Font.- Extraterrestres



Lo he leído en La Contra de La Vanguardia. Sólo es un fragmento, si quieres te la paso entera en PDF.

Es Joan Miquel Oliver, compositor y cantante de Antònia Font.

Todos somos marcianitos, ¿no?

Todos tenemos diferentes roles: yo no soy el mismo en el escenario que en casa, ni contigo que con mis padres...

Lo decía Borges: "Soy mil hombres...".

Ahí Borges se tiraba el rollo: ¡mil hombres! Eso no sé, pero cinco o seis, ¡seguro que sí!

¿Quién le gustaría ser un ratito?

Mick Jagger: ¿cómo debe de ser eso? ¡O Juan Luis Vermal, mi profesor de metafísica en la universidad! Pero creo que entonces me estallaría la cabeza en cinco minutos.

¿Y eso?

Aquel hombre podía tirarse dos horas hablando de Heidegger con aquella profunda voz... Yo, fascinado, no entendía nada, y me preguntaba cómo sería tener todo eso en la cabeza y entenderlo... ¡Seguro que me saltarían los ojos del cráneo!

¿Estudió usted Filosofía?

Sí, en COU vi que cada filósofo desmentía al anterior y proponía otra visión. Y quise descubrir la más completa y convincente.

¿Y qué verdad descubrió?

Alcancé la respuesta de que no hay respuesta. Por eso hoy soy un escéptico. Porque vi que todos quieren tener razón..., y eso lleva a tachar de imbécil al otro. ¡Ah, pues entonces no me interesa la razón! He aquí el problema de la ciencia: que se impone como verdad única, ¡es tiránica!

¿Conclusión?

Si yo digo: "Mi patria son los ordenadores Spectrum", ¿por qué no asumirlo sin pensar que soy un frívolo o un idiota? En fin: nadie entiende a nadie. De hecho, ¡cuesta entenderse a uno mismo! Seguramente, hago lo que hago para ver si me entiendo.

¿Cuándo empezó a componer?

Mi padre era músico profesional, tocaba en hoteles de Mallorca. Cuando un día me planteé aprender a tocar la guitarra, ¡descubrí que ya sabía! Jugaba con instrumentos...

¿Siempre quiso dedicarse a la música?

Fue al ver que las paridas que inventaba generaban dinero. Yo lo hacía por ganas de hacerlo, sin propósito profesional. ¡Es que no sé hacer más que lo que me gusta hacer en cada momento! Y aquí estoy.

¿Da mucho placer estar sobre un escenario ante gente que te adora?

La verdad es que eso te vuelve gilipollas. Estaba en el Liceu tocando... y a la cuarta canción tuve que decirme a mí mismo: "¡Céntrate, tío!", porque no estaba concentrado en la música, sino tocando automáticamente y absorto en la cantidad de gente que veía allí.

¿Qué es lo mejor de ser artista?

Que haces lo que te da la gana sin grandes peligros. Si a un arquitecto juguetón se le cae una casa, ¡muere un montón de gente! Yo puedo jugar... ¿y qué arriesgo, eh? Como mucho, que nadie me haga caso... Bah.

domingo, 16 de marzo de 2008

Joan Manuel Serrat.- Para la libertad



El futuro pasa por el divorcio.

Y qué importan ahora cuatro años y medio juntos? Qué importa que conozca -y ame aún- sus heridas más secretas? Qué importa que no me importaran? Ella quiso escapar conmigo y, a fuerza de huir, cayó en su propia trampa. Una trampa que intenté desactivar sin saber qué cable cortar, sin querer saber que era ella quien debía desarmar su propia bomba, sola. Sólo me queda la paz de los muertos, el dudoso honor de saber que con esfuerzo, amor y paciencia construí para ella una espacio donde pudiera ponerse a trabajar, como hace años Ade hiciera por mí.

No creo que ella lea estas líneas, así que si la ves, dile que le deseo mucha suerte y mucho amor, una gran sonrisa y un camino largo. Los mismos que me deseo a mí mismo.

Gracias Paula.

martes, 11 de marzo de 2008

Antonio Vega.- Esperando nada


Aquel verano mi madre decidió que, entre mis obligaciones, estaría la de ir a buscar la leche. Cada día, me sacaba de la cama a las 8.30 y previa entrega de la botella me enviaba con la bici a la tienda de la Granja Acín.

Era julio, pero las mañanas se me hacían frías, sobre todo después de aquellas noches bochornosas, de sudores, abanicadas por mi abuela hasta altas horas. Yo iba en bicicleta. Le añadía emoción.

Repetí aquella ruta muchas mañanas y crucé muchas veces por delante de la guardería municipal, ocupada solamente en aquellos días por una camada de gatos nacidos algunos meses atrás. A mí me gustaba uno blanco con las puntas de las patas y la cola negras. Le llamé "botines" con la seguridad de que al darle un nombre, sería un poco mío.

Yo le llamaba cada mañana y él asomaba la cabeza por el caminito que atravesaba el jardín. Lo llamaba una y otra vez y él me miraba sorprendido, dudando de mis intenciones. Era demasiado temprano y hacía demasiado calor para jugar, pero sobre todo, él era demasiado miedoso. Demasiadas carreras delante de niños armados con piedras y palos. Demasiado rencor para aceptar un juego infantil, amistoso y desinteresado. Solo una vez se acercó a mí, por curiosidad, pero cuando ya casi mis dedos podían alcanzar su hocico, negro y húmedo, salió corriendo hacia su madre. Su corazón estaba ya cerrado.

lunes, 25 de febrero de 2008

Antònia Font.- Wa Yeah!



Dedicado a Federico Mayor Zaragoza, que vino ayer al museo y me ofreció más motivos para aumentar mi admiración.

Mi semana laboral termina en domingo. Y me gusta. Ayer mientras bajaba por el Paseo de María Cristina, mi cabeza ya no sabía cuál era su idioma, o los hablaba todos, y me sentía bien. Mi sonrisa ya no era una pose establecida contractualmente a media jornada de martes a domingo.

De camino al metro, en el suelo, me encontré un pequeño caballero de plástico (de venta en la tienda del museo por un precio indecente) y pensé, ... mira un niño llorando. Lo recogí y al alzar la vista me topé con una pareja de turistas con edad de tener nietos. Les pregunté si conocían algún chaval y me dijeron que sí, les regalé el muñeco.

Había quedado con Marion para buscar piso, así que apuré el paso para llegar a la hora acordada -Imposible, sobre todo porque olvidé que no salía a las 2 sino a las 2.30-. Tampoco me importó en exceso. Sí me jodió escuchar un niño que gritaba amargamente ¡Mi caballero! He perdido mi caballero! El niño empezó a correr en dirección al museo a la misma velocidad que mis ojos y mi corazón emprendían la retirada hacia un oscuro escondite. Me quedé plantado en las escaleras del metro, los pies decidieron estar demasiado cansados y confiar en el mundo. El niño seguía corriendo. Su madre no podía seguirle el paso. El niño volaba de rabia.

No reconocí a la pareja de turistas hasta que los vi agitar los brazos y gritarle al niño -en perfecto inglés- que volviera, que ellos tenían su muñeco. La madre ya estaba a su lado, le faltaba el aire. El niño seguía corriendo, ahora en dirección opuesta y con el sentimiento contrario. Le pidieron un par de besos a cambio. El niño, feliz con el intercambio y por recuperar su juguete, se tranquilizó al momento y yo pude volver al metro y a mi sonrisa.

martes, 12 de febrero de 2008

Joaquín Sabina.- Ruido



Ayer la ví. Me dijo que dejó de estar enamorada de mí. Yo me derretí y solo acerté a preguntarle si ahora es más feliz. Me dijo que sí.

A ella le gustaba Sabina tanto, tanto, tanto, que convirtió su vida en una canción.

viernes, 25 de enero de 2008

Sr. Chinarro.- Del Montón



El viernes se acerca y todo parece ser más liviano.

[Para Ana, que me lee, me escucha y se alegra mucho cuando le llamo]

jueves, 20 de diciembre de 2007

Ea! - La Vida



Confieso que no sentí ningún remordimiento o vergüenza por emborracharme de aquel vino. Es cierto que nadie me había invitado, pero la puerta estaba abierta y a nadie pareció molestarle que pasara y ocupara un espacio en la pista frente a la banda. Incluso me ofrecieron un número para el sorteo de una cafetera.

Hacía mucho tiempo que no oía una sección de vientos tan redonda. Y sólo eran tres [saxo barítono, tenor y alto]! En fin, me colé en la fiesta, bebí, bailé y deseé con todas mis fuerzas que me tocara la cafetera [que no tocó, claro]. Y lo pasé bien en una fiesta no planeada, hallada por casualidad.

Hoy me desperté tarde y contento. Feliz por reencontrarme con mi ducha caliente. Desnudo, camino de la ducha, no encontraba el albornoz. Giro, revuelvo la habitación y el armario pero es absurdo, no lo puedo ver, lo llevo puesto. Tal vez suceda lo mismo con esta ciudad...

martes, 18 de diciembre de 2007

Martirio.- En esta tarde gris



Tal vez sea la canción más triste
Tal vez sea el infierno más frío.
Tal vez sea la certeza
Tal vez sea tu olvido

sábado, 15 de diciembre de 2007

Amanece, que no es poco


Ayer empecé mi particular maratón de celebración de cumpleaños. De hecho había empezado el jueves con el ensayo de la banda... Una pequeña gran comida, con alguna mala noticia [este 2007 aún colea, el cabrón].

Y entonces empezó el hedonismo. Porque sí. Porque yo lo valgo. Estuve tocando el saxo en mi cuarto, sin importar el volumen ni lo mal que tocara. En los auriculares Lester Young. Un ratito de chateo y cuando ya me voy a preparar la cena para ir después a una fiesta, enciendo la tele y están emitiendo "Amanece, que no es poco" y entre el arroz, la manta, las horas... me quedé allí hasta las tres tan ricamente aprendiendo cómo funciona el corazón o cómo plagiar a Faulkner o disfrutando de los sudamericanos que unos días van en bicicleta y otros huelen bien. No llegué a ver a Sazatornil disparando al sol, ya estaba dormido. No era necesario, ya sé que siempre amanece, que no es poco, aunque no sea por donde quisieramos.