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domingo, 3 de enero de 2010

Death Cab For Cutie.- I will possess your heart


Gran intro, gran bajo, gran letra. Definitivamente, mi canción para entrar en 2010.

How I wish you could see the potential
The potential of you and me
It's like a book elegantly bound
But in a language you can't read just yet

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

There are days when outside your window
I see my reflection as I slowly pass
And I long for this mirrored perspective
When we'll be lovers, lovers at last

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

I will possess your heart
I will possess your heart

You reject my advances and desperate pleas
I won't let you let me down so easily
So easily

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

You got to spend some time, love
You got to spend some time with me
And I know that you'll find love
I will possess your heart

I will possess your heart
I will possess your heart

domingo, 16 de noviembre de 2008

Miguel Bosé.- Amante Bandido


No recuerdo el nombre oficial, para mí siempre será la Plaza de la Calle Saint Gaudens de Barbastro. No muy lejos de casa de María Jose, la calle se abre y deja espacio para un gran tablero de ajedrez pintado en el suelo frente a un kiosko de música, una docena de árboles perfectamente alineados en dos hileras, algunos columpios y otro kiosko más pequeño, pero más importante, el de las chucherías.

Durante mi infancia pasé allí muchas horas jugando a pillar o esperando a mi madre que se acababa de encontrar con una amiga de la infancia y tenían que explicarse las novedades, entonces llegábamos tarde a comer y yaya hacía ver que se enfadaba.

Yaya era también la que encargada de llevarme a la peluquería, también en la plaza Saint Gaudens. A mí me encantaba ir con ella porque íbamos cogidos del brazo, y si nos encontrábamos con alguien me presentaba como su novio. Pero también porque ya sentado en el sillón del peluquero, podía elegir el peinado que más me apeteciera, y a yaya siempre le gustaba. Yo siempre era el más guapo.

De cualquier forma, yo siempre pedía el mismo peinado: el de Miguel Bosé. Eran los años de Sevilla y el Amante Bandido y yo me quedaba fascinado ante la tele, cada vez que ponían el video.

Hoy ya no me gusta Miguel Bosé, pero mientras me tomaba el café de la mañana he vuelto a oír la canción y no sé si es la edad, el café, la falta de pelo o las pocas ganas de trabajar, pero todo ha desembocado en un sentimiento agridulce donde se mezclan yaya, la arqueología y estos pocos pelos que me quedan, pero nunca más renunciar a ser lo que fuí.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Blur.- The Universal



Apenas sintió el pinchazo, la aguja que se deslizaba hacia la vena y el suero que se reunía con el flujo sanguíneo. Un mareo leve. Bebió el vaso de agua que le alcanzó la enfermera con ansiedad, imaginando aquel líquido frío, casi marmóreo resbalando por el esófago hacia el estómago. Ahora sólo quedaba esperar, la pequeña célula recorrería su cuerpo alimentándose de su sangre, reproduciéndose, invadiendo aquel espacio y ocupándolo cada uno de sus capilares. Finalmente, alguno de sus vástagos alcanzaría el cerebro y ya nada sería igual y sería inmune a aquella realidad impuesta por el azar genético. Una nueva vida, impuesta por un juez: nueva vida, nuevos recuerdos para aquel cuerpo joven, pero enfermo social. Sentía curiosidad por conocer qué recuerdos de su antigua vida habrían decidido conservar, de qué personas guardaría recuerdo y cómo se vería la marca en el antebrazo. Sentía curiosidad, ¿cómo se siente un condenado sin recuerdos del delito cometido, ni de las causas que lo llevaron a delinquir?

Todo había empezado mucho tiempo atrás, incluso antes de nacer, cuando en un control rutinario del embarazo, sus padres habían recibido la noticia. Los niveles de dopamina eran extremadamente bajos, lo que indicaba tendencia al abuso de substancias: tabaco, alcohol, vida temeraria… Tal como les había dicho el doctor, solo era una posibilidad, otros muchos en el pasado habían llevado una vida más o menos normal sin siquiera medicación, pero en cualquier caso el departamento de medicina legal había recibido ya el informe y sería catalogado como Individuo de riesgo social. No tiene porqué ser malo, pero debe ser vigilado.

A los dos meses de nacer, le habían realizado la primera intrusión sanguínea y, desde entonces y en todo momento, el cerebro artificial de la central de policía tenía acceso total a su pensamiento, sus sentidos y sus intenciones y hacía soltar las alarmas cuando su pensamiento se disparaba hacia lugares peligrosos. ¿Cuál debe ser el criterio de peligro para la Gran Mierda de la central de policía? A lo largo de los años había aprendido a reconocerlo. En la escuela cuando sentía la rabia contra uno de sus compañeros de clase y se dirigía a él con ganas de partirle la cara por haber copiado su examen o robado a su novia, de repente un pensamiento fugitivo le atravesaba y se fijaba en su mente: una nueva idea, una nueva historia, un nuevo pensamiento que lo apartaban de su objetivo. Luego llegaba el letargo, el cansancio, la hipoglucemia y el mal humor.

Pero él jamás había delinquido. Sólo era un procedimiento preventivo. No fue hasta que alcanzó la educación secundaria, cuando ya totalmente aislado en su mundo imaginario, un profesor le sugirió escribir todas aquellas historias. Él las leería y luego podrían comentarlas. Y así, lo que había empezado como una estrategia para evitar que el adolescente cayera en el autismo inducido por el sistema, se convirtió en amistad y, también, en el primer foco de resistencia social contra el Conductismo Genético. Algunos políticos -e incluso teólogos- se habían quejado de lo que ellos llamaban una grave lesión contra la libertad individual y el libre albedrío. Otros, en cambio, habían llegado a sugerir que se indujera a algunas mujeres para que se enamoraran de estos individuos.

El problema llegó cuando la panacea de la intrusión sanguínea se empezó a extender y los criterios se hicieron más laxos. Hace unos meses se alcanzó el 30% de personas inducidas y las autoridades están empezando a toparse con el problema de los hijos de inducidos, pues nacen ya conectados a la Gran Mierda. Ahí se abrían muchísimas posibilidades, en primer lugar médicas, pero también sociales y las empresas alimentarias y de abastecimiento de agua –las verdaderas regentes del mundo- empezaron a presionar al ministerio de sanidad para aumentar los mercados.

La abolición del consumo de carne y la implantación mundial de la energía solar y eólica habían acabado con el territorio y con buena parte del medio ambiente. Las exploraciones espaciales no acababan de dar los frutos deseados y la tierra se quedabba pequeña e hipercontrolada.

viernes, 23 de mayo de 2008

Suzanne Vega.- Tom's Diner



Entro en el bar, me siento en la barra y pido un café. Sin azucar. La leche natural, por favor. Aparto el cenicero y se lo paso al hombre de mi izquierda que aprovecha el gesto para sonreir en busca de un aliado. Tengo tiempo y me gustan las personas mayores. Haces bien en no fumar. Bueno, lo intento. El café discurre rutinario mientras el hombre me explica su historial médico, someramente. Churchill opinaba que dejar de fumar era de lo más sencillo, que un hombre como él lo había hecho miles de veces, observo. Mi reciente amigo fumador no me escucha, soy el público de los ocho kilos que ganó cuando dejó de fumar y de cómo los ganó de nuevo cuando volvió a fumar. Habla y habla mientras se ahoga en la corriente de mi café. Me despido en el preciso instante que se empieza a hacer pesado. Pago y me despido. Vivir mata.

jueves, 22 de mayo de 2008

Vincent Delerm.- Natation synchronisée



Lo sé, tal vez sea excesivo. Pero me lo estoy pasando muy bien. Y aunque intento ser disciplinado, no encuentro tiempo ni algo sobre lo que escribir. Así que nada, Natación Sincronizada.

viernes, 25 de abril de 2008

Peter Gabriel & Youssou'n Dour.- Shakin' the tree



Por petición popular femenina, hoy cambio de color. It's woman's day.

Aquella semilla todavía yace en el fondo del pozo. Y parece que desde aquellos días no ha hecho más que crecer y fructificar.

Yo no quería ganar. Sólo quería tener posibilidades. Entonces yo tenía 14 años. Era el final del verano y Barbastro se arremolinaba alrededor de la Feria de Maquinaria Agrícola (FERMA). Mi abuelo había conseguido invitaciones para él y para yaya. Los niños entrábamos gratis, así que nos pasabamos allí todo el día. Tenían aire acondicionado y siempre caía algún regalo en forma de caramelo, bollo de pan o queso. Además, yo acababa de descubrir un nuevo objeto para mi deseo con un 20% de descuento siempre que mi padre me la comprara durante la feria: la Honda Vision.

Hartos de ver correr tanto niño por el interior del recinto ferial, los organizadores propusieron un concurso de dibujo con dos categorías: hasta los 13, 14 o más. Eso nos mantuvo quietos un par de días. Al tercer día, yo ya imaginaba la cantidad de jamones que regalarían al ganador o el tractor que compraría con el premio. Y quería ganar. Así que el día que entregué el dibujo cambié la fecha de mi nacimiento. De repente, había nacido el 17 de diciembre de 1977, tenía 13 años, entraba en la categoría inferior y mi hermana había nacido un mes y un día más tarde que yo.

Al cuarto día, yo ya había olvidado los jamones, el tractor y la trampa. Pasé horas pensando cómo convencer a mi padre para que me comprara la moto. Así que cuando llamaron a mi abuela diciéndole que mi hermana había ganado el segundo premio, no me sorprendió. A los cinco minutos llamaron preguntando por mí: había ganado el primer premio. Ahí sí me sorprendí. Mi hermana, que estaba al lado de mi abuela, se enfadó. Mucho. Mi abuela hizo ver que no se enteraba de nada. Nos vistió como dos angelitos (uno de ellos seguía enfadado) y nos llevó a la entrega de premios. Yo no sabía si delatarme o bailar. Así que seguí bailando.

Entregaron los premios. El cuerpo del delito se mostraba públicamente en presencia del alcalde y las damas de honor de las fiestas. Nadie se enteró. Todo quedaba en familia. Yo estaba muy nervioso. Sonó mi nombre y subí al escenario. Pasé frente a mi hermana -que ya tenía su premio y seguía muy enfadada-. No había forma de escapar. Me entregaron el premio y bajé corriendo con mi abuela. Eran libros amargos. Eran libros de culpa. No eran jamón, tractor, ni moto. Eran mi hermana enfadada. Pero había ganado.

jueves, 3 de abril de 2008

Lily Allen.- LDN



Yo estaba buscando una canción primaveral para dedicarle a mi padre. Hoy es su cumpleaños. Tal vez April come She will. Es una buena opción, a él siempre le gustaron. No sé si todavía conserva aquel cassette de 60 minutos en el que Simon & Garfunkel, suaves, tranquilos, conciliadores... compartían espacio con ABBA.

[Nota: Jamás he podido saber porqué mi padre no soporta la idea de "Forward": pasar rápido aquellas fragmentos que no le gustaban para llegar directamente a lo que quería escuchar, evitando Waterloo, Chiquitita, Fernando y el consiguiente daño cerebral en mi tierna infancia. O tal vez le gustara ABBA...]

En fin, que yo estaba buscando April come She will y, por el camino me he topado con esta Lilly Allen en bicicleta. Cautivo de mi fetichismo [pocas cosas superan la visión de una mujer en bicicleta], he cambiado de idea y aquí te presento el video de LDN, con maravillosas vistas de Londres.

martes, 11 de marzo de 2008

Antonio Vega.- Esperando nada


Aquel verano mi madre decidió que, entre mis obligaciones, estaría la de ir a buscar la leche. Cada día, me sacaba de la cama a las 8.30 y previa entrega de la botella me enviaba con la bici a la tienda de la Granja Acín.

Era julio, pero las mañanas se me hacían frías, sobre todo después de aquellas noches bochornosas, de sudores, abanicadas por mi abuela hasta altas horas. Yo iba en bicicleta. Le añadía emoción.

Repetí aquella ruta muchas mañanas y crucé muchas veces por delante de la guardería municipal, ocupada solamente en aquellos días por una camada de gatos nacidos algunos meses atrás. A mí me gustaba uno blanco con las puntas de las patas y la cola negras. Le llamé "botines" con la seguridad de que al darle un nombre, sería un poco mío.

Yo le llamaba cada mañana y él asomaba la cabeza por el caminito que atravesaba el jardín. Lo llamaba una y otra vez y él me miraba sorprendido, dudando de mis intenciones. Era demasiado temprano y hacía demasiado calor para jugar, pero sobre todo, él era demasiado miedoso. Demasiadas carreras delante de niños armados con piedras y palos. Demasiado rencor para aceptar un juego infantil, amistoso y desinteresado. Solo una vez se acercó a mí, por curiosidad, pero cuando ya casi mis dedos podían alcanzar su hocico, negro y húmedo, salió corriendo hacia su madre. Su corazón estaba ya cerrado.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Finley Quaye.- Even After All


Hay días que fluyen, que apunto en la agenda todo lo que espero del día y a las 10 de la noche, consigo sentarme frente el ordenador y contártelo.

Porque no pasó nada excepcional: trabajé, visité la inmobiliaria, vi las fotos del piso donde quiero vivir, hice limpieza, envié varios currículums, llamé a un par de puertas y recordé esta canción, porque sí, porque siempre me ha gustado [1997!].

lunes, 25 de febrero de 2008

Antònia Font.- Wa Yeah!



Dedicado a Federico Mayor Zaragoza, que vino ayer al museo y me ofreció más motivos para aumentar mi admiración.

Mi semana laboral termina en domingo. Y me gusta. Ayer mientras bajaba por el Paseo de María Cristina, mi cabeza ya no sabía cuál era su idioma, o los hablaba todos, y me sentía bien. Mi sonrisa ya no era una pose establecida contractualmente a media jornada de martes a domingo.

De camino al metro, en el suelo, me encontré un pequeño caballero de plástico (de venta en la tienda del museo por un precio indecente) y pensé, ... mira un niño llorando. Lo recogí y al alzar la vista me topé con una pareja de turistas con edad de tener nietos. Les pregunté si conocían algún chaval y me dijeron que sí, les regalé el muñeco.

Había quedado con Marion para buscar piso, así que apuré el paso para llegar a la hora acordada -Imposible, sobre todo porque olvidé que no salía a las 2 sino a las 2.30-. Tampoco me importó en exceso. Sí me jodió escuchar un niño que gritaba amargamente ¡Mi caballero! He perdido mi caballero! El niño empezó a correr en dirección al museo a la misma velocidad que mis ojos y mi corazón emprendían la retirada hacia un oscuro escondite. Me quedé plantado en las escaleras del metro, los pies decidieron estar demasiado cansados y confiar en el mundo. El niño seguía corriendo. Su madre no podía seguirle el paso. El niño volaba de rabia.

No reconocí a la pareja de turistas hasta que los vi agitar los brazos y gritarle al niño -en perfecto inglés- que volviera, que ellos tenían su muñeco. La madre ya estaba a su lado, le faltaba el aire. El niño seguía corriendo, ahora en dirección opuesta y con el sentimiento contrario. Le pidieron un par de besos a cambio. El niño, feliz con el intercambio y por recuperar su juguete, se tranquilizó al momento y yo pude volver al metro y a mi sonrisa.